Barcelona, Cementerio de Poblenou: El Beso de la Muerte

Barcelona, Cementerio de Poblenou: El Beso de la Muerte

1 de octubre del 2017

Barcelona, Cementerio de Poblenou: El Beso de la Muerte

En el dolor del óbito, tierra y fin, sin engaño ni fingimiento alguno, se hicieron promesa eterna de yacer juntos…en un intento de comprender lo que no puede ser entendido.

                                                                                                Fragmentos de Vida.

Conocida con el nombre de Cementerio Viejo, la necrópolis de Poblenou es evidencia de que el hombre a través del arte puede alcanzar sosiego y paz infinita.

El recinto, ubicado en Cataluña, fue inaugurado –en su primera apertura– en el año 1775, adelantándose al decreto que años después ordenaría trasladar los enterramientos fuera de las murallas de las ciudades. Construido en terrenos deshabitados cerca de la playa de la Mar Bella, se convirtió en el primer cementerio de Barcelona erigido fuera de perímetro fortificado.

Al temor de la muerte se unió el peligro de recorrer trayecto por senderos de soledad absoluta…Sin nadie que las desraizara, las hierbas cerraron junturas para que los difuntos no se dieran cuenta del desamparo y aislamiento de sus sepulturas.

Sosiego y paz infinita…

El nuevo camposanto no fue bien acogido por una ciudadanía que aún no estaba preparada para cambiar el ritual de «despedida». Por ello, en un principio, se usó solo como osario para las exhumaciones de los restos de otros cementerios, y área de sepelio para aquellos que en la pobreza fallecían…La muerte siempre ha sido delatora de las diferentes clases sociales que existen en la vida.

La Tierra, herida, se convirtió en barro

Destruido por tropas napoleónicas, en el año 1813 se encargó la reconstrucción del espacio a Antonio Ginesi, arquitecto italiano afincado en Barcelona. En tan solo seis años el lugar que la violencia había demolido volvió a ser por la iglesia bendecido.

…Y la tierra, herida, se convirtió en barro. Humedad de polvo que mojado por el llanto pedía explicación al hombre del motivo de ser odiado. No entendía que daño podría haber causado para ser destrozado.

La  reapertura del suelo santo –en 1819– aconteció en un entorno de plena transformación barcelonesa. Conceptos y nuevas costumbres impulsadas por el protagonismo económico y social de una emergente burguesía catalana fueron cambiando todo lo conocido… 

En marcado estilo ecléctico, el diseño del cementerio por Ginesi mezcló elementos del Barroco con influencias de arte griego y egipcio. La urbe, receptiva a la evolución de todos los sectores de la vida, también modificó su relación con la muerte. Desgraciadamente, la eterna «eludida» tomó posesión de todo el espacio que se le ofrecía.

Sin dar respiro a la tierra que a la muerte cobija, las tumbas invadieron la superficie disponible sin consideración alguna…«Vestida» de enfermedad, su presencia llegó en barcos acompañando a las nuevas rutas comerciales que se abrían…Por siempre temida, deshabitó los barrios cercanos al mar y se apropió de miles de vidas.

Tres años después de la nueva abertura del Cementiri de Poblenou, Barcelona sufrió una devastadora epidemia de fiebre amarilla en la que cientos de personas murieron cada día alcanzando más de seis mil la totalidad de las víctimas…Los cuerpos desbordaron la capacidad de una superficie que intentaba tan masiva acogida.

Por siempre temida…

En aquella pesadilla, Tierra y Muerte se juraron eterna comprensión y ayuda…Una y otra, sin palabras, disculpas, afecto y consuelo se concedieron…Entre ellas se creó duelo y pacto eterno con la solidez de complicidad femenina.

El arte proporcionó belleza donde antes solo existía melancolía

Posterior a la remodelación del maestro italiano, el cementerio sufrió diferentes ampliaciones. La más importante –en 1849– fue realizada por Joan Nolla. En ella, el arquitecto creó un área donde la creatividad humana aún perdura: los panteones.

La burguesía, en una muestra de opulencia, y a través de la escultura, dotó de belleza un lugar en el que antes solo habitaba la austeridad y la tristeza absoluta…El arte siempre ha percibido a la muerte como ente vivo e inseparable compañero de la vida.

Y en esa sinergia creada en el complicado camino de una existencia que se sabe finita, aquella que es eterna se convierte en testigo que narra cómo el hombre se enfrenta a la difícil «partida».

Por necesidad se adoptaron nuevos hábitos funerarios. La exigencia de distancia con la ciudad en los enterramientos fue por fin entendida, y, en contraposición a la inseguridad de los caminos –robos y lobos eran amenaza continua–, se acabó con los efluvios nocivos de los fosos parroquiales hasta entonces asumidos.

Aparecieron nuevas profesiones, un ejemplo fueron los portadores de difuntos, que a pie y en andas al camposanto llevaban al fallecido. En 1835 se prohibió esta forma de transportar a los que ya no estaban vivos, pues se temía propagaran enfermedades durante el recorrido. Fue entonces cuando el carruaje se convirtió en idioma que «hablaba» sobre los difuntos: su procedencia, posición social, poder adquisitivo…

Es tan estrecha la relación de fin y principio que un cementerio puede ser sitio donde encontrarse a uno mismo.

La muerte se niega a caer en el olvido

Al entrar en el Cementiri de Poblenou cientos de nichos reflejan la crudeza de que la muerte es inherente a la vida. Ineludible es pensar que ella, algún día, a su mundo nos dará la bienvenida. La vista se pierde en interminables pasillos donde la soledad con flores quiere disimular el dolor y olor de este indecible retiro.

La crudeza de la realidad…

Pequeños remolinos de aire hacen girar los pétalos de las ofrendas esparcidos, que incluso ya inertes, se niegan a caer en el olvido…Su movimiento recuerda la brevedad de un suspiro. Este reposo indefinido produce angustia. La intuición avisa que la muerte entre nichos no desea ser percibida, pues no quiere perturbar a los que en ella confían.

Cada detalle, tumba o fotografía de las miles que en la quietud encierran historias antaño vividas, despierta emociones desconocidas. La conexión que existe entre urbe y necrópolis está plasmada en piedra esculpida. Obras de los siglos XIX y XX explican la relación eterna de muerte y vida. Imposible describirlas una a una…

Me detengo ante aquella que personifica una escena que en un futuro para todos será realidad absoluta: El beso de la Muerte.

Eliminar el miedo a morir hace más fácil el camino

Y es su abrazo, delicado y firme, cobijo que llegado el momento la mente ansía…Caricia e instante íntimo de rendición y entrega absoluta. Acto de sublime ternura en el que la muerte «libera» del peso de la vida. Imagen del sentimiento humano y su eterno romance con la «existencia» infinita. 

Inenarrable la intensidad del instante que simboliza. La imagen data del año 1930 y es atribuida a Jaume Barba, aunque existen dudas acerca de la autoría, pues el maestro tenía setenta años cuando su taller fue elegido para cincelar roca que plasmara lo que con palabras no podía ser descrito.

Al estar frente a ella, inevitablemente se olvida que un día fue trozo de mármol sin vida…No importa por quién fue modelada, sea quien fuere obró el milagro de la existencia divina.

El arte aportó belleza allí donde solo existía melancolía...
Perderle el miedo a la muerte para poder continuar con la vida...
La muerte se niega a caer en el olvido...
La Tierra se convirtió en barro por el llanto de ser destruída...
Arte que expresa lo que con palabras pierde «vida»...
En aquella pesadilla, Tierra y Muerte se juraron eterna ayuda...

6 thoughts on “Barcelona, Cementerio de Poblenou: El Beso de la Muerte

  • 1 octubre, 2017 at 19:24
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    Hola MAICA… precioso artículo, se nota que eres una PROFESIONAL de las letras.
    El tema de la muerte creo que sigue siendo TABÚ y tú lo has afrontado con muy buen gusto y lo has expuesto con claridad.
    Su relación con el ARTE me interesa específicamente y llama la atención que existan artistas que lo traten con tanto mimo como si se tratara de temas sensuales o lúdicos.
    Enhorabuenabuena… y SÉ FELIZ… 💋💋💋

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    • Maica RiveraMaica Rivera
      2 octubre, 2017 at 05:53
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      Agustín, la muerte siempre ha sido inspiración de artistas: escultores, pintores, músicos, escritores…«aquello» que tiene intensidad despierta los sentidos e invita a describirlo. El ritual más antiguo se cree que es aquel que «despide» de este mundo, no debería ser tabú ni temido. Sinceramente creo amigo mío, que sin miedo a la muerte el camino de la vida es distinto. Pasear por cementerios como el de Poblenou ayuda a asimilar nuestra relación con la muerte y a encontrarle sentido. Un enorme abrazo.
      Maica Rivera

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  • 2 octubre, 2017 at 01:45
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    Que bello…..lo describes , con una ternura y sutileza , me encanta….con ese toque de misterio y pasion….te quiero amor , haces ver…lo que nadie..ve, un abrazo y un beso…de esos que uno no quiere separarse…

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    • Maica RiveraMaica Rivera
      2 octubre, 2017 at 06:04
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      Antonio, ternura es el abrazo de la muerte en el momento de «entrega»…delicadeza y firmeza que aseguran su promesa eterna. Ya sabemos, querido amigo, que la vida está llena de pasión y sentimientos; quizás al comprender a la muerte se encuentre «algo» que de sentido a lo que no entendemos. Un gran abrazo y cuídate mucho.
      Maica Rivera

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  • Vera Isabella Dörrer
    2 octubre, 2017 at 09:01
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    Good morning Maica,
    you talk about death and I can not deny that I am afraid of it, despite my own experiences. I knowing too, that death is a new beginning. It’s the word finality, that still can take me to tremble. I am very grateful to be able, of letting loose, and live this passion! It is the key on every level, and knows how to resist the finality.
    A big hug Vera

    Reply
    • Maica RiveraMaica Rivera
      2 octubre, 2017 at 09:40
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      Dear Vera: Death and life walk together. I do not know which one to fear anymore. I just know, that you can not be afraid … and that you always have to continue! A big hug.
      Maica Rivera

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